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La Coctelera

La ciudad, mi móvil multimedia y yo

17 Febrero 2009

Acosada por Ernesto en la ciudad

 Vuelvo a estar en la ciudad después de pasar unos meses en el pueblo por motivos impersonales no relacionados con yo.

 Ahora estoy en el piso de yo y en esta época de crisis he tenido la suerte de encontrar trabajo como cajera en Alcampo para no avivar la nostalgia porque en Carrefour sería diferente.

 El problema del regreso a la ciudad es que mi ex novio Ernesto que nunca me clavó su flecha del amor, se ha ponido un detector de yo para enterarse de todo lo que hago y perseguirme. Lo último ha sido conseguir trabajo en Alcampo en la ciudad, de cajero como yo, ¡y en la caja de detrás de yo!

 Ernesto no se ha olvidado de yo, sigue muy enamorado, pero esto es un acoso en toda regla sin compresas.

El otro día dije a una compañera que me hiciera una foto con mi móvil multimedia aprovechando que Ernesto estaba en el orinoco para tenerme digitalizada en mi punto de trabajo, y para sorpresa de yo cuando revelé la foto en el computador en casa y veo a Ernesto detrás de yo, con el rostro un poco corrido, por lo que puedo deducir que al ver que iba a ser fotografiada, fue raudo y veloz a su asiento para salir en la imagen.

 ¿Qué puedo hacer? Su familia dice que tengamos un hijo para arreglarlo. No entiendo la vida.

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1 Enero 2008

Crónica de mi Nochevieja en la ciudad

Apenas cinco minutos quedan para que el erecto émbolo zurre contra la campana de tonalidad dorada en mate. De manera ligera agarro de encima del armario la obsoleta radio que mi abuelo dejó como herencia intestada para mí, le sacudo el polvo menos discreto y presupongo que el único botón que presenta es el ON. Golpeo y escucho una frecuencia modulada cualquiera.

Sola me siento en la chirriante y apolillada mecedora del corredor cuasi abrazada a mi aparato de radio analógico mientras observo luces de colores por la empañada y ruinosa cristalera. Me sobresalto cuando me doy cuenta de que no llevo puesta la braga roja que me regaló mi tía hace eones para la Nochevieja de aquel año, y que siempre me prometo estrenar para la celebración final del presente en el que me encuentre.

Será ello causa de mi puta mala suerte. Rauda y veloz me dirijo a mi anticuario de tapacoños y me la coloco en una rodilla, ya no hay tiempo para desvestir la mitad inferior de mi cuerpo y colocarme la íntima prenda que con tanto entusiasmo me regaló la hermana de mi madre, y además, no llevo los genitales tan impolutos como una nueva prenda siempre merece. Que la suerte me acompañe.

Llega el rimbombante momento donde la mayoría de los españoles nos ponemos de acuerdo para formar parte del mismo rebaño y, de mala gana, degluto doce uvas de un minúsculo racimo que esta mañana robé en el Eroski discretamente. ¿Para qué iba a gastar un dineral en un gran racimo que jamás iba a ingerir? Las famosas uvas de la mala suerte me han sabido a rayos y casi me ahogo por las cuarenta y ocho pepitas (cuatro por cada uva) que éstas encubrían.

Ya ha pasado la primera hora del 2008 y me he comido un yogur de ciruelas, espero que este año esté marcado por la buena regulación de mi tránsito.

A tomar por culo.

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17 Octubre 2007

Pon a Teo en tu vida

A pesar de mi espiritualismo, antes, cuando se me estropeaba el mango tropical de un peine, el tapón de un bolígrafo de publicidad de la “Asociación de Bonsáis Sin Fronteras” o la antena de mi móvil multimedia, podía llegar a romper en llanto.

Fue necesario conocerlo a él para darme cuenta de que la vida es algo más que esas minucias materiales, que si se lastiman para siempre, otras sustitutivas vendrán. Diferente pasa con la vida si no estamos reencarnados en felinos, dado que sólo tenemos una y debemos cuidar de ella como del más valioso tesoro, y Alí Babá y los 40 ladrones ya opinaban lo mismo.

Si el coche no quiere funcionar, que la trompa del elefante más grande de la selva le dé por el recto de escape. Y de eso, Teo sabe mucho, pues la salud de su automóvil se le va de las pezuñas, pero su integridad física y mental la lleva bien agarrada por la mano que más se le antoja en cada momento, y goza de buenos motivos para apreciarlo sin necesidad de llegar al orgasmo.

Teo no es virgen, pero lo amo sin zarandearlo con la mano.

Caperucita Rosa.

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20 Agosto 2007

ALERTA EN INTERNET, CUIDADO CON EL CHATEADOR FLACIMINGO

Hacía años mil que no entraba en ningún chat, pero este pasado viernes tuve la arroz brillante idea de entrar en la sala #peru para dar mis más sinceros pésames y condolencias a los paisanos vivientes de las víctimas de esa gran barbarie natural que ha sacudido al país estos días atrás. Me enteré por la televisión al llegar del pueblo de mis padres, pues en su casa también hay una tele que yo les regalé pero no se ve, no se sabe el motivo, posiblemente la señal, que no llega. La encontré en una explanada llena de bolsas, botes y cosas, a alguien se le debió caer.

La cuestión es que rápidamente fui al chat, y entre lágrimas me abrieron muchas privados, y cuando se enteraron de que soy española viviendo en España, se me colgó el computador por otra grande y ancha ola de más privados.

Al reentrar, retomé conversación con Flacimingo, un chico de la zona donde habito que nada tenía que ver con Perú, pero allí estaba, apoyando con emoticonos a los compatriotas de la otra parte del charco.

Flacimingo y yo comenzamos a intimar hasta que nos dimos cuenta de que llevábamos cinco horas chateando y decidimos quedar en la plaza de las frutas para conocernos mejor y analizar personalmente las cosas del campo que venden en la ciudad.

Antes de salir, me salpiqué con un poco de agua las axilas y genitales, sin abusar ni derramar una sola gota, me vestí con un vestido que me hice con unos retales que compré al peso por escasos céntimos la pieza y cogí mi canasto de mimbre por si acaso comprábamos provisiones para la cata.

Al llegar, allí estaba él, un hombre algo más mayor que yo, de especial belleza, vestido con una camisa a cuadros tapada por una chaqueta de plástico y en las piernas, un pantalón de pana marrón con tirantes. Me agarró duro, me dio dos besos y me llevó a “disfrutar” de la noche, como él tanto recalcaba en la conversación por el computador.

Al final ni tomates, ni manzanas, ni ajos puerros ni cebollas ni peras ni nada, me llevó a la cuarta planta de un edificio antiguo que ponía encima de la puerta “Hostal Gabriel”. Nos adentramos en la habitación, él primero que yo, y me pude sentir como la princesita que toda mi vida siempre he soñado.

En la alcoba había dos camas de pared a pared (por lo que para pasarlas había que saltar por encima), una ventana, una bombilla en el techo, otra en una mesilla de noche (pero no funcionaba) y silencio. Le lancé una foto nada más entrar con mi móvil multimedia para plasmar digitalmente tan especial momento.

Yo notaba que algo faltaba, y me di cuenta cuando, después de comer un bocadillo que Flacimingo había llevado para mi, sentí un apretón en mi vientre, por lo que confirmé mi adivinación extrasensorial: no había inodoro. Salí al pasillo y allí pude compartir baño con otra un hombre algo demacrado (estaría recién levantado, era tarde).

Realicé mis necesidades biológicas y volví a la suite a la que Flacimingo me había invitado. Estaba desnudo en la cama, con los brazos en cruz, presentaba un vientre redondo y no tenía la pilila colgando como todos los hombres, sino hacia arriba. Fue extraño. Me asusté y salí corriendo, ni foto pude hacer.

Hoy tengo agujetas y me he dado de baja en Internet.

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2 Marzo 2007

De bajón moral en la ciudad

Ya es fin de semana para muchos y la gente rebosa alegría. Para yo los fines de semana son una pesadilla, no estoy exhausta para poder descansar, no tengo nada que hacer, los domingos está todo cerrado, y no tengo amigos en este lugar. Nadie es amigo de nadie en la ciudad.

Todos los amigos de Internet han desaparecido, no me apetece volver al pueblo porque mi familia siempre me pone a cargar carretillas de calabazas, berenjenas y toneladas de perejil. ¿Para qué? Para regalárselas a otros. Ya nadie compra cosas recién arrancadas del huerto, la gente va a los supermercados porque lo importado del extranjero es más barato. Mis familiares no se enteran y siguen ampliando sus hectáreas de cultivo. Estoy cansada sin haberme casado de ser la tonta de la familia.

He de reconocer que me he vuelto adicta a las pipas de calabaza y no sé como dejarlo. Las adicciones son tan duras y es tan difícil quitarse de ellas una vez que se está enganchado. Tantos psicólogos en la ciudad y ninguno me presta atención si no hay compensación monetaria… la vida no es nada sin dinero.

Siempre me quedarán mis macedonias de frutas y mi móvil multimedia para conservarlas digitalmente, porque cada plato de fruta es único e irrepetible.

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5 Febrero 2007

Menstruando en la ciudad

Me siento muy mal en mi butaca más cómoda y no sé que postura tomar para maximizar la comodidad que me prometieron en la tienda de los asientos de la ciudad.

Desde el campanario de mi pueblo se ven todas las casas de los habitantes del lugar y miles de hectáreas de campo cultivado, mientras que desde mi asiento del salón en la ciudad, sin poder erguirme y mirar arriba, ni tan siquiera al frente, consigo ver las estrellas.

Mea venido la regla y estoy sufriendo como nunca, tengo todo el cuerpo afectado de manera muy diferente al pueblo, allí tenía el chochastro malo (decía mi abuela) y me colocaba en la bragota un paño de toalla reutilizable, en la ciudad tengo la menstruación y uso compresas y tampones de un único uso.

Quiero que se acabe ya este infierno, no tengo ganas de hacerme foto con mi móvil multimedia. El período no me permite ser yo.

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24 Enero 2007

Ejerciendo de modelo en el ginecólogo

Hace unos días fui al médico de las mujeres porque andaba incómoda con lo mío, como nunca antes me había sentido, entonces me atendió el doctor de estos menesteres para aliviar mis molestias y preocupación.

Al terminar con la exploración, me ofreció la posibilidad de colaborar en la presentación y publicidad de una nueva silla de partos, a la que accedí con los ojos como platos. Me encantan las fotos y siempre es un gusto para mi el fotografiarme y que me fotografíen, y si me lo sugieren terceros es porque me ven atractiva y es algo que me sube la moral por los aviones.

Ya he salido en la prensa digital, no necesito pues utilizar mi escáner multimedia.

Gracias.

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16 Enero 2007

De rebajas en la ciudad

He estado la Navidad entera y año nuevo sin encender el ordenador ni ningún otro aparato electrónico y para higienizarme las zonas que justamente precisaban ello he ido a la fuente de la ciudad, todo por ahorrar dinero para las rebajas de ropa en la ciudad.

Llevaba años sin renovar mis atuendos y como son las primeras rebajas que vivo desde que no resido en el pueblo, he intentado economizar lo máximo posible para poder comprarme todos los trapitos que me gusten y sentirme guapa y más moderna frente al espejo antes de salir de casa con las llaves en el bolso.

El primer día ya estaba yo a la puerta de un centro comercial haciendo horas para ser de las primeras en entrar y poder comprar sin remordimientos por haber arrebatado vestimentas a nadie de las manos.
Al abrir las puertas la gran tienda, me disparé para el interior como una bala y fui sorprendida por un montón de flashes que eran cámaras multimedia más avanzadas que la de mi móvil para publicarlas en la prensa. Un fotógrafo me pidió mi correo eléctrico y yo pensé que me intentaba cortejar pero fue para enviarme el retrato donde salgo yo. Aún así me he puesto feliz por el recuerdo de yo digitalizada en mis primeras ofertas de ropa, y la primera vez nunca se olvida.

Feliz año

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Este es mi diario cibernético (no de papel) desde que ha comenzado la 2ª parte de mi vida en un lugar diferente y desconocido para mí: la ciudad.

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